martes, 24 de mayo de 2011

Pasos y pájaros

El tranvía la deja a varias cuadras de su casa al volver del trabajo. Esa noche, al bajar, se siente inquieta. Comienza a caminar más rápido de lo habitual, con la sensación de que sus pasos tienen eco a sus espaldas. Nadie en las veredas. Nadie en las ventanas. Sólo se oye un ulular de búhos. Es una noche fría y oscura. Un mínimo giro de cabeza hacia atrás levanta la sospecha de una sombra. Su corazón se acelera aún más. Apura sus pasos en sintonía con los latidos. La respiración es entrecortada. Se agita, se cansa, pero el miedo le impide detenerse. Ahora corre. Corre y teme. Teme y se le cierra el pecho. Le cuesta respirar. Intenta abrir su abrigo pero sólo puede correr.
Suena Edith Piaf en la alarma programada del celular. Se despierta exaltada, enredada entre las sábanas. Tironea, aún en shock, pero sólo logra enredarse más. En vano son sus esfuerzos desesperados por liberar su cuello. La misma sensación pero ya no hay una alarma oportuna.
Se oyen pasos. Una extremadamente pálida mano le cierra los ojos. Edith Piaf sigue imitando a los gorriones.


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