sábado, 18 de junio de 2011

Llegado el frío, el hogar reclama reparaciones

Sábado. Nueve y veinticuatro de la madrugada. Me despierta un timbre larguísimo. El gasista se adelantó 6 minutos al horario acordado y a mí no me sonó el despertador. O lo apagué y seguí durmiendo pancha, que también podría ser.
El hombre viene a ver todos los artefactos a gas de que dispongo. Porque, claro, se tienen que romper al unísono. El calefón calienta poco, el horno se apaga cuando suelto la perilla y el calefactor es virgen a cualquier profesional del rubro desde que habito este hogar, hace 3 años, porque me venía arreglando con el caloventor y porque la mugrienta que vivía antes acá prefería cagarse de frío a arreglarlo, supongo, o también tenía caloventor y la boleta de la luz se la pagaba el chongo. Decide que este último es el más importante y empieza con su labor.
Saca pelusa, mucha pelusa, papeles, una llave, una cucharita, un encendedor y cantidades industriales de caca de rata. Me da asco haber convivido con eso durante todo este tiempo.
Es un personaje mi gasista. Siempre me hace reír. Ahora, por ejemplo, me contó que le tiene miedo a las ratas y que hace poco, buscando la llave del agua en una cocina, abrió la alacena y una le saltó al pecho. "Casi me muero de un infarto. Le dije a la mujer: vio la laucha esa? Y me contestó: no puede ser, muy suelta de cuerpo. No, si yo tomo."
Pasando a la cocina me comenta, todo con una tonada muy cordobesa, que es re friolento y que para bañarse tiene un ritual. "Primero prendo el calefactor de la pieza. Recién cuando está calentito voy y abro la ducha. Hasta que no sale humito del piso, mierda me voy a sacar la ropa. Me cago de frío!"
Sobre el horno me dice "Lindo horno este. Acá en una hora y veinte hacés un pollo con papas. Como buen gordo te sé los tiempos justos."
Tiene que sacar la cocina para cambiar un cañito que va por atrás. Al volver a ponerla queda una pérdida de gas que antes estaba sellada por la grasa. "Ay Dios misecordioso. Decí que yo me fijo todo sino volamo a la mierda acá".
Y una última advertencia: "Cuando prendás el horno, siempre primero la llama. Yo a veces me olvido y me pego cada depilada... me depilo a la llama!"
Tres horas después deja todo funcionando por $450 y con 30 días de garantía.
Hogar, espero que te alcance y que no jodás por un rato.

2 comentarios:

JD dijo...

Jajaja también me depile las cejas a la llama un par de veces.

Un Poco Rara dijo...

Quiero creer que fue tratando de prender un pucho con la hornalla y no porque las cejas te llegan a la altura del pecho, no?