viernes, 27 de abril de 2012

Cof cof

Ya es la hora. Se escucha que la gente va llegando. Con algunos minutos de tolerancia, porque así somos en este país, se da sala, que quiere decir que la gente pasa del lobby a ocupar una butaca o un lugar en una grada o una silla o lo que sea. Pasan unos minutos hasta que todos se acomodan mientras charlan sobre lo que esperan ver, sobre el tema del día o sobre la inmortalidad del cangrejo. De repende algo pasa. Se apagan las luces, o se prenden nuevas, o se corta la música. Es la señal. Silencio. Y ahí aparecen. Anónimos, agazapados en la oscuridad, aprovechando el silencio para erigirse como centro o vaya a saber prerándose para qué cosa. Son los tosedores. No necesitan de un resfrío ni de una gripe. No se distinguen por sexo, edad ni clase social. No discriminan entre under o mainstream, entre drama o comedia, entre unipersonal o elenco multitudinario. Siempre, donde haya teatro, habrá al menos un hijo de su reputísima madre que tirará un "cof cof" que interrumpirá en un infinitésimo la salida a escena del primer actor.

2 comentarios:

Un Simple Blog dijo...

De hecho me parece que si no hay un "cof, cof" no arranca la obra.

Un Poco Rara dijo...

No, sí, te juro que arranca igual!!