lunes, 24 de agosto de 2009

Casi casi

No era del todo conveniente. Se lo habían advertido. También, en el fondo, lo sabía. Igualmente se dejó llevar por el impulso. ¿Cómo detener ese torrente corriendo por sus venas? ¿De qué otra manera podría sosegar esas ansias? ¿Cuándo volvería a tener una oportunidad como la que se presentaba tan accesible ante sus ojos, esperada hacía tiempo? Voces ensordecedoras argumentaban a favor y en contra en su cabeza, pero a estas últimas ya había logrado abstraerlas. Cada centímetro de su cuerpo estaba pidiendo lo mismo. La respiración aceleraba su ritmo. La explosión era inminente. Una cuchara sería su aliada en la batalla de dar fin a aquel suculento postre helado en promoción.
Pero el pérfido destino interpuso una macabra maniobra. El local no trabaja con tarjeta de débito y ella no lleva efectivo. Es entonces que toma el impulso, lo dobla prolijamente y lo guarda en la cartera hasta que vuelva a darse la ocasión de darle rienda, no sin antes propinarle un par de bofetadas aplacadoras.

4 comentarios:

Víctor dijo...

Uff, qué susto, Bays. Al hablar de impulsos incontrolados y de cucharillas creí que hablabas de un heroinómano. Aunque los helados también son adictivos...

Saludos lelos y gracias por la visita!!!

Bays dijo...

Jaja. Heroína, no lo había pensado. Qué loco cómo se puede interpretar algo que uno escribe en otra cabeza.

Saludos raros. Nos leemos!

Martín dijo...

Que decepcion cuando ocurre eso! espero que al menos te lo hayan regalado para tu cumpleaños! Te sigo leyendo. Un beso

Bays dijo...

Hola Martín. Tremendo el freno, sí. Pero me pude desquitar después, justamente para mi cumple, je.
Saludos. También te leo.